Jack y Emily

Jack y Emily

 Jack siempre fue un muchacho introvertido, a veces tenía la sensación de que los demás eran solo invitados a su perfecto mundo de fantasía en el que no era víctima de las burlas y agresiones de los otros chicos. Pasaba gran parte de su tiempo libre encerrado en su habitación, chateando, un lugar donde podía ser quien quisiera sin necesidad de un rostro…Esa noche había sido un poco aburrida, eran pasadas las diez y ni un mensaje, Jack comenzaba a tener sueño, hasta que vio alumbrarse la bandeja de entrada. Rápidamente leyó el mensaje y lo primero que le sorprendió es que no venía de ninguno de sus contactos conocidos. El mensaje decía así:

-“Te conozco, aunque tú a mí no. Llevo tiempo observándote y la verdad es que te admiro…puedo decir que hasta me gustas. Quisiera que fueras mi amigo. Emily.”

  Al terminar de leer, su página le notificaba que le había llegado una solicitud de amistad. Era de un perfil de nombre Emily, en la descripción del mismo no aparecía ninguna foto u otra información del usuario. A Jack no le pareció extraño pues, aquí en su mundo, era de los más populares, incluso algunas chicas de la escuela que ni volteaban a verlo, en el chat se disputaban por su atención, así que terminó aceptando la solicitud. Justo después apareció otro mensaje de Emily.

-“Gracias, a partir de hoy hare todo lo que esté a mi alcance para ayudarte.”

  Jack quiso responder esta vez.

-“Te agradezco, pero no creo que en el mundo real…” – dejó de teclear súbitamente, hasta ahora no había compartido con nadie su verdadera identidad fuera del sitio, se ocultaba detrás del seudónimo MysteryMan y no se revelaría ante una desconocida. Pero otro mensaje le hizo pensar que debía quitarse la máscara con ella pues era inútil esconderse.

-“Te conozco, Jack, ya te lo dije. Conmigo puedes ser tu mismo.”

  Esto desconcertó un poco a Jack, pues, nadie conocía su verdadero nombre, pero una extraña fuerza lo hizo obviar ese pequeño detalle. Algo que le hacía sentirse a gusto con ella sin siquiera saber de quién se trataba.

-“Esta bien, no sé porque pero algo me dice que puedo confiar en ti, Emily.”

  Era la primera vez que él decía (escribía) su nombre. Ella lo premio.

-“Es lindo que me llames por mi nombre, gracias, hace mucho tiempo que nadie es amable conmigo.”

-“No tiene importancia. Además, si vamos a ser amigos es mejor que te llame así, ¿no?

-“Ja, ja, ja. Es cierto.”

  Así se sucedieron los días, Jack llegaba a casa de la escuela y se apresuraba a subir a su cuarto a encontrarse con su extraña amiga. Sin notar que desde que acepto su amistad, nadie más le había escrito. Pero no los necesitaba, ahora con Emily, su mundo comenzaba a ser perfecto. Sus padres casi nunca estaban en casa, por lo que los veía solo antes de irse a la escuela, próximo a cumplir 18 esto no le molestaba demasiado.

  Corrió escaleras arriba, subiendo de dos en dos los peldaños, entró a su cuarto de prisa, lanzo la mochila sobre la cama y tomo su laptop para revisar si ella le había escrito, y como siempre había un mensaje.

-“No veía la hora de que volvieras, me aburro horrores esperándote, por suerte Rose y Marie vinieron a verme hoy. Aunque las cambiaría por ti, son mis mejores amigas. ¿Qué tal la escuela?”

  Aquella pregunta le borro la sonrisa que le produjo el resto del escrito. Por nada quería recordar ese lugar donde no se sentía poderoso, donde no era nadie. No quería traerlo a su mundo perfecto. Guardo silencio unos instantes, pensativo miro a través del cristal de la ventana hacia los pinos que crecían fuera. Entonces vio lo que le pareció una chica de aproximadamente su edad de pie junto a uno de los árboles…

Le llegó un mensaje, ella se había conectado, miro nuevamente donde estaba la chica, pero nada, sin darle más importancia al asunto comenzó a leer.

-“Ya tenía ganas de hablarte, te extrañe.”

-“Yo a ti también. ¿Qué tal tu día con Rose y Marie?”

-“Están celosas, que tontas, dicen que te quiero más que a ellas que las conozco de antes, ja, ja, ja.”

-“No deberían. Por cierto, ¿por qué no me envías una foto?, no tienes foto de perfil y me gustaría poner un rostro a mi amiga.”

  La respuesta de Emily fue un tanto inesperada.

-“No, es mejor que por ahora solo sea así. Si las cosas salen bien, eventualmente me conocerás en persona….”

  Era un poco raro que ella no quisiera mostrarse, pero él no quería perder a la única persona con quien no tenía que ser alguien más, así que obvio la severidad de sus palabras y cambió el tema.

-“Antes me preguntaste por la escuela, ¿en serio quieres saber?”

-“Si, con detalle.”

-“Bueno, pues hoy más de lo mismo. Rafe me esperaba a la entrada para tirar mi mochila al suelo y darme de collejas mientras la recogía. Al llegar a mi casillero, la palabra imbécil estaba escrita con pintura azul aun fresca, aunque no es la primera vez, cada una me da más repugnancia por los demás. ¿Por qué no me dejan en paz? ¿Por qué no solo desaparecen?”

-“Se lo que sientes, yo misma experimente eso en mi vida. Todos los días algo nuevo, que si me encerraban en el baño de los chicos, que si golpeen a la niña paliducha pelo de muñeca…cosas así. No pude hacer nada por mí, pero lo voy a hacer por ti ahora que puedo.”

  Aquellas palabras y el modo de referirse a su vida llamaron la atención de Jack que no pudo resistir la tentación de preguntar.

-“¿Por qué hablas de tu vida en pasado?”

-“Perdona, es que ahora no soy mas quien solía ser, ahora soy más fuerte que nunca y me gustaría prestarte mi fuerza.”

-“Te lo agradezco, pero dudo que puedas hacer algo por mi más que darle sentido a mi vida siendo mi amiga, con eso es más que suficiente para mí. Gracias.”

  La palabra amiga ya le quedaba corta a Emily, en el corazón de Jack comenzaba a crecer algo más.

-“No me agradezcas aún, hazlo cuando tus problemas se resuelvan, espera y verás. Ahora tengo que irme, mañana te escribo, un beso.”

  Sin darle tiempo de responder a Jack, Emily se desconectó.

  A la mañana siguiente su madre Beatrice lo despertó con un beso.

-Despierta dormilón que se hace tarde.

-Mamá, -musitó Jack soñoliento – no quiero ir.

-Jack, ya hemos hablado de esto, prepárate y baja a desayunar, tu papa te ha traído algo.

  Jack no puso mas pretexto, a pesar de que sus padres casi siempre estaban trabajando, el los quería mucho y respetaba. Bajo las escaleras luego de asearse, al entrar a la cocina su padre lo recibió con una gran sonrisa. En su mano tenía una cajita rectangular.

-Buenos días campeón, –Jack abrazo a Mark, su padre – aquí esta lo que te prometí.

  Jack se apresuró a romper la envoltura, dentro había un teléfono móvil.

-Gracias papá. –lo abrazó nuevamente.

-Así estaremos en contacto, – dijo su mamá con una sonrisa.

  El momento de felicidad de la familia se vio interrumpido por las palabras de asombro de Mark al leer un artículo del periódico local.

-¡Dios mío¡ -exclamó.

-¿Qué pasa, cariño? – preguntó Beatrice exaltada.

  Mark se acercó a ella y le mostro el periódico, ella se tapó la boca con la mano izquierda para detener un gemido de horror.

-¡Es terrible¡ -dijo cuando recuperó el habla- Cero…creo que debemos decirle.

– Beatrice, no…

– Igualmente se enterará.

– ¿Qué pasa? – Cuestionó Jack que había sido ignorado todo este tiempo- ¿Qué es lo que no me quieren decir?

  Por toda respuesta su padre le alargó el periódico, en este podía leerse lo siguiente:

“El joven Rafe Mitchell, de 18 años de edad, fue encontrado muerto esta mañana en el baño de su habitación. Según la policía, que no quiso entrar en detalles, todo parece indicar que se trata de un suicidio, pues encontraron las palabras, “lo siento mamá y papá”, escritas con sangre en el espejo del baño. No se sabe a ciencia cierta lo que pudo llevarlo a cometer tal acto, pero la policía seguirá investigando.”

  Jack se quedo sin palabras, no sabía que decir, lo único que sentía era una sensación de alivio, tal vez mezclada con una alegría algo sádica que oculto con un gesto fingido de asombro y pesadumbre.

  Esa mañana el colegio le pareció diferente, ya no estaba Rafe para recibirlo como siempre, ni había cosas escritas en su casillero. La vida fuera de su mundo se había vuelto más tolerable. O eso pensó hasta que Tim y Adolf le sorprendieron en el baño.

-Te has enterado ya de la muerte de Rafe, ¿no es así imbécil? – Dijo Tim empujándolo contra los lavamanos- Pues que sepas que nada ha cambiado, todavía estamos nosotros para aguarte la fiesta.

 

  Terminando de hablar, Tim le asesto un golpe en el estomago que le hizo caer de rodillas al suelo, mientras Adolf solo reía llamándole inútil. Jack trató de incorporarse, pero una patada en el rostro que le partió el labio superior le hizo caer de espaldas y golpearse la cabeza con la pared de concreto. Los chicos lo dejaron allí adolorido y se fueron.

  Jack entró en su habitación todavía con el estomago y la cabeza adoloridos, algo mareado se dejó caer sobre la cama y se perdió en la blancura del techo. Poco a poco se quedó dormido. Eran alrededor de las nueve cuando despertó algo perdido, lentamente se sentó sobre la cama y pudo ver una silueta en la penumbra de la habitación, pero en un parpadeo había desaparecido.

-Es solo mi imaginación.- se dijo para calmarse- Me golpee la cabeza, es todo.

  Prendió su laptop y no encontró ningún mensaje nuevo, sin embargo Emily aparecía en línea. Le escribió.

-“Perdona que no te haya escrito antes, me quede dormido.”

  La respuesta no tardó en llegar.

-“Pensé que ya no me querías, iba a tener que castigarte como hice con Rose y MarieL.”

  Jack lo tomó a broma pero…

-“Solo estaba algo cansado, hoy encontraron a Rafe muerto en su casa y siento pena por su familia. Perece que se quitó la vida.”

-“No me mientas, no a mí que te conozco, sabes que la felicidad que sientes excede a la pena, ¿o me equivoco?

  Jack tardo algo en responder, no sabía que decir pero era cierto. Emily escribió otra vez impaciente.

-“Vamos, se que en el fondo lo sientes, pero es un problema menos del que preocuparte.”

-“Aunque me cuesta admitirlo tienes razón, aunque Tim y Adolf me golpearon hoy, sin Rafe la escuela parece menos desagradable.”

Emily cambió súbitamente de tema sin razón aparente.

-“Jack…tengo que decirte algo pero no sé cómo.”

-“Dime, no me gusta el misterio, sea lo que sea puedes contar conmigo.”

-“Es que me gustaría conocerte en persona, pero solo si tu quieres, solo así será posible.”

  Jack se alegró mucho al leer aquello, por fin la conocería en persona y así podría decirle lo que su corazón escondía.

-“Si quiero, Emily, más que nada en este mundo.”

  Acordaron verse a la mañana siguiente, era sábado por lo que no tendría que soportar el infierno del colegio, y además conocería a Emily. El día no podía ser más prometedor. Se vistió con lo mejor que encontró en su guardarropa y, por primera vez en mucho tiempo, intentó acomodar su negro cabello alborotado. La hinchazón del labio había bajado, que bueno, pues no quería preocupar a su madre. Bajó las escaleras y se despidió de su mamá que estaba muy contenta pues, por primera vez, Jack tenía una cita. Beatrice le dio una bolsa de picnic y un beso en la mejilla, Jack lucía radiante y eso la hacía feliz.

Llegó un poco antes al sitio donde se habían citado, tendió sobre la hojarasca junto al río una manta a cuadros, colocó sobre ella la cesta con comida y se sentó a esperar. Emily no demoró en llegar, lucía de ensueño con su jean ajustado y una sudadera rosa de corazones, su largo cabello rubio caía por delante de sus hombros en dos trenzas que descendían hasta casi su ombligo, pero lo que más llamó la atención a Jack, fue la blancura de su rostro, perturbada solamente por un leve rubor en las mejillas que le daba a la chica un toque de angelical inocencia.

-Hola, -dijo ella esbozando una sonrisa que dejó ver unos perfectos dientes blancos, se puso aún mas colorada, como una niña – ya estaba deseando conocerte.

-Yo también, eres más bella de la que pensé.

  Jack no pudo evitar que se le escapara ese cumplido, ambos miraron al piso apenados y un incomodo silencio tejió su tela en el ambiente, apoderándose de cada palabra. La risa de Emily rompió nuevamente el hielo.

-Parecemos más niños de lo que somos, anda, sentémonos.

  Jack asintió con la cabeza y se sentaron uno junto al otro a conversar. Entre otras cosas intercambiaron números de teléfono, y Jack le contó a Emily como era su vida antes de conocerla, pero la chica no aporto mucho sobre ella salvo que vivía al otro lado del pequeño bosquecillo que cortaba en dos el riachuelo en cuya rivera estaban sentados.

-Pero no vayas a buscarme allí, nunca, por favor,-dijo en tono de súplica Emily- mis padres son algo sobre protectores y no quisiera que por su culpa te alejes de mi.

-Eso ni pensarlo- dijo Jack cogiendo su mano- nada me haría separarme de ti.

  Ella miro al piso para evitar la penetrante y apasionada mirada del muchacho.

-Igualmente no vayas, por favor.

-Como quieras,-dijo el- pero prométeme que nos veremos más a menudo.

-Lo prometo.

  Ninguno pudo evitar lo que se había dilatado por tanto tiempo y se fundieron en un apasionado beso, seguido de la promese de ella de que se encargaría de protegerlo. El sonrío al escucharla decir eso y se despidió.

  Esa noche, antes de acostarse, Jack le escribió un mensaje de texto:

-“Que duermas bien mi ángel, sueña conmigo.”

  Unos segundos después llegaba la respuesta.

-“Tu también, mañana será un día mejor, te lo prometo.”

  Jack durmió como un bebe esa noche, no importaba el mañana si el hoy era tan bello.

  El domingo no pudo verla, sobre las diez de la mañana le llegó un mensaje de Emily que decía:

-“Estoy encargándome de algo, te espero mañana a la salida del colegio. Te quieroJ.”

  Un poco decepcionado Jack respondió.

-Muero de ganas de verte, ¿Qué es eso tan importante que te aparta de mí?, bueno, ya me contaras. Yo también te quiero.” 

  El domingo fue eterno, pero al fin era lunes, nunca antes había tenido tantas ganas de ir a la escuela como hoy, podía soportarlo todo si sabía que al final del día la vería. Bajó las escaleras con una sonrisa que se borró de golpe al ver la cara de preocupación de sus padres.

-¿Qué ha pasado?-interrogó.

-Ven Jack, siéntate con nosotros.-dijo su madre en tono condescendiente.

  Jack se sentó en el sofá entre sus padres. Mark comenzó a hablar lentamente.

-Mira, hijo, esta mañana encontraron muertos a Tim y Adolf en sus casas. Al parecer, murieron bajo las mismas circunstancias que Rafe, por lo que la policía comienza a sospechar de que no son solo suicidios…puede que sea un asesino serial.

-¿Qué?-Jack no daba crédito a lo que oía, pero igualmente no pudo evitar el sentirse un poco feliz, dos menos de los que preocuparse.

-Hijo,-agregó Beatrice que había estado en silencio- tememos por tu seguridad, pasas mucho tiempo solo y…su madre guardo silencio unos segundos en este punto, como si considerara aún lo que estaba a punto de decir. Finalmente no dijo nada.

-Hijo, sabes donde guardo mi revolver, ¿no?-dijo el padre.

-Sí. Pero…

– Quiero que lo tomes en caso de que algo pase en nuestra ausencia. -pese a las quejas de Jack su padre continuo – Prométemelo.

  Finalmente Jack terminó por aceptar.

Durante las clases dio vueltas al asunto en su cabeza, ahora tenía un arma cargada en la gaveta de su mesita de noche, no se creía capaz de matar pero… ¿y si su vida corría peligro? Pero él no quería pensar en aquello, solo le importaba que sonara el timbre para ir a su encuentro con Emily…hasta que al fin, el sonido de la libertad. Jack encendió su teléfono en cuanto salió por la puerta, en el salón no se permitían. Hoy nadie lo molestaba y se sentía genial. Leyó con una sonrisa el texto de Emily:

-“Encuéntrame en la calle detrás del colegio, te espero.”

  Jack corrió al lugar de encuentro y la vio, de espaldas, con su radiante y rubia cabellera. Se acercó a hurtadillas y la tomó por la cintura, ella sorprendida se volteó y al verle le obsequió la más amplia de sus sonrisas.

-Te extrañe,-le dijo ella premiándolo con un beso- prohibido estar tanto tiempo sin vernos.

-Estoy de acuerdo,- Jack la acercó más a él- no más de 24 horas.

Se fueron en dirección a casa de Jack, sin advertir a unos ojos llenos de envidia que les observaban desde la azotea de la escuela. Peter apagó de un pisotón la colilla de su cigarrillo, sus ojos se llenaron de codicia y su boca se torció en una mueca que asemejaba una sonrisa de malsano placer.

   Los enamorados llegaron a la casa, Jack abrió la puerta y entró, Emily se quedó de pie ante el umbral, como si algo la mantuviera fuera contra su voluntad.

-¿Qué pasa? –preguntó Jack.

-Debes invitarme a pasar, de otra manera no podre hacerlo.

-¿De qué hablas?

-No, en serió, si no lo haces me iré…por favor…solo dilo.

  Aquello le pareció extraño pero pensó que tal vez era una costumbre de familia, así que le siguió el juego.

-Bueno, Emily, a partir de ahora las puertas de mi casa están abiertas para ti. Adelante.

  Finalmente Emily paso y se abrazó a su cuello besándole. Pasaron el resto de la tarde y la noche viviendo un sueño, embriagados de un apasionado y juvenil amor.

  A la mañana siguiente Jack despertó en su cama, Emily no estaba, en su lugar había una nota que versaba:

  “No quería estar cuando llegarán tus padres, moriría de vergüenza. Ayer fue increíble. Gracias por hacer más tolerable mi existencia, había olvidado que se siente querer a alguien, sentirme viva es algo maravilloso.” Te quiero.”

  Un rato después le llegó un mensaje a su teléfono:

  “Encuéntrame a la salida del colegio, en el mismo lugar, muero de ganas de verte.”

  Ese día en el colegio fue como todos los demás, pero para Jack algo había cambiado, era feliz. Esperó como a la navidad el timbre de salida, se apresuró por llegar al sitio de encuentro, pero al llegar, ella no estaba. Llego algo más tarde, sonriente, pero…

-Baya, baya, baya,-se escuchó una voz detrás de ellos, acompañada de unos aplausos- pero si el inútil tiene novia. Quien lo diría.

Era uno de los chicos de la clase de Jack, Peter, otro abusón, pero que nunca se había metido con él. ¿Por qué ahora? La respuesta le llegaría pronto.

-¿Qué haces con ese patán? Chica, deberías buscar un hombre como yo.

  Jack tenía miedo, pero por nada del mundo dejaría que le arrebataran a Emily, así que la puso detrás de él en un intento por defenderla. Peter se acercó y sacó una navaja de su bolsillo.

-¿Qué vas a hacer, gallina? No tienes pelotas. Sera mejor que me la des y así todo saldrá bien.

  Emily no podía escuchar mas, se abalanzó como una fiera sobre Peter que en un reflejo la apuñaló en el estomago.

-Nooooooooo…..gritó Jack al verla herida.

  Pero nunca imaginó lo que pasaría a continuación.

  Emily, como si no pasara nada, saco el cuchillo de su abdomen, acto seguido comenzó a acercarse a Peter que había caído sobre su espalda y se arrastró hasta chocar con un muro, sus ojos estaban llenos de pavor, inmóvil mirando el rostro de la chica que había perdido todo rastro de inocencia, en cambio, ahora, se quebraba en una expresión de inmenso odio, sus asesinos ojos estaban vacios de sentimientos…y su sonrisa, aquella sádica sonrisa que tornaba desconocido para Jack el rostro de su amada Emily. Con una metódica calma, puso la hoja en las manos de Peter, le susurro algo al oído y el chico asintió con la cabeza, Jack estaba como petrificado. Peter se puso de pie lentamente, navaja en mano comenzó a abrirse las venas si exhalar ni siquiera un quejido, era como si estuviera en una especie de trance. Con la sangre que comenzaba a salir de sus desgarradas venas escribió en la pared, “lo siento mamá y papá”. Jack no podía dejar de mirar como lentamente se escapaba la vida de los ojos de Peter a medida que el charco de sangre bajo sus pies se hacía más y más grande.

-Ya está,- la vos de Emily lo sacó de su pesadilla- uno menos. Vez, te dije que te protegería.

  El rostro de la muchacha, como por arte de magia, había vuelto a la normalidad, ya no era más que la chica tierna que él había conocido. Jack la miró desconcertado y comenzó a correr, era cierto que la amaba, pero el terror que le despertó aquel suceso era mayor que cualquier cosa. Llegó a la puerta de la casa y sus temblorosas manos no atinaban el agujero de la llave, finalmente lo consiguió y movido por un primitivo instinto de supervivencia, corrió a su cuarto para encontrar el revólver donde lo había dejado pero, ¿sería capaz de hacerle daño a Emily? El teléfono en su bolsillo casi lo mata del susto, tenía un mensaje de Emily:

-“No debiste hacer eso, ¿por qué?, pensé que me entenderías. Ahora voy a tener que castigarte como hice con Rose y Marie.

Su corazón quería partirse en dos, un sudor frio le recorría la espina, y un nudo comenzaba a formarse en su garganta, le dolía el estomago y tenía ganas de vomitar…estaba sufriendo un ataque de pánico. Respiró hondo buscando clama, pero escuchó un disparo en la entrada que le indicó que estaba cerca el final. Movido por un impulso miró a través de la ventana que daba a la entrada, vio a Roberto en el suelo, bajo su cabeza comenzaba a crecer un charco de sangre con rastros de sesos en el, pero lo que le cortó la respiración, fue la imagen de Emily que le sonreía con aquella inocente sonrisa de la que él se enamorara una vez. Tranco la puerta, pero la voz a sus espaldas le dejo claro que no tenía objetivo, ya ella estaba dentro.

-¿Por qué, Jack? Pensé que lo entenderías.-su rostro lucía calmado, no como antes cuando enfrentó a Peter- Pero no lo hiciste. Ahora recibirás tu castigo.

  Aquí comenzó nuevamente la transformación, Jack no podía hacer más que mirar.

  La policía lo encontró en el baño con las venas desgarradas a dentelladas por el mismo. En el espejo, escrito con sangre, podía leerse, “lo siento mamá y papá.”

 

¿Fin…?