Atrapasueños

Atrapasueños

Carolina apagó la lamparilla de mesa, se acomodó sobre su costado metiendo la mano bajo la almohada donde siempre guardaba una linterna y cerró los ojos para dormir. Su novio Scott había decidido asistir a una conferencia sobre las tribus nativas de Estados Unidos, por lo que se encontraba sola y con problemas para conciliar el sueño. La noche anterior había sido extremadamente larga, así como la anterior, y la de antes, todas desde que él se fue se volvían eternas para Carolina. Soy una tonta, yo pensando todo el día en él y ni siquiera llama, se decía mientras se revolvía para acomodarse sobre su otro costado, quedando de frente a la puerta de la alcoba. Cubierto por el manto de la oscuridad el silencio danzaba su hechizante baile, Carolina bosteza, comienza a dejarse llevar por el cansancio por el cansancio acumulado en el día, la caminata bajo el extenuante sol le estaba pasando factura…entonces.

  Con salvaje violencia el silencio fue asesinado para dar paso a un extraño ruido, algo ininteligible al principio pero que poco a poco se fue intensificando, hasta que pudo definir que se trataba de una voz.

-Asabikeshiinh… Asabikeshiinh…-se escuchaba.

Carolina estuvo confusa durante unos segundos, oteando en la oscuridad con los ojos abiertos, esperando atrapar una esquiva idea. Las siluetas a su alrededor no le parecían familiares, ahora evocaban las más dantescas aberraciones que su imaginación podía crear. Sombras con formas de manos de largos dedos y uñas filosas, se alargaban como queriendo alcanzar la cama donde descansaba Carolina. Alargó su mano para encender la lamparilla. Clic, pero no pasó nada, los fusibles al parecer habían estallado. Miro al suelo con las pupilas dilatadas por el terror, pero las amenazantes sombras ahora solo delineaban los contornos de las cortinas delante del ventanal por donde se colaba la luz. Su mano alcanzó la linterna es un acto reflejo, la blandió como una espada para combatir aquella oscuridad que se cerraba sobre ella, pues comenzó a notar que poco a poco las sombras comenzaban a ganar terreno por sobre la poca luz que alcanzaba a escurrirse por la ventana. Recorrió con su haz los alrededores, pero este no alcanzaba a tocar ni siquiera la pared más cercana, era como si fuera engullido por la penumbra.

Asabikeshiinh… Asabikeshiinh…- se escuchó nuevamente- la prisión de los malos sueños.

Las últimas palabras que escuchó hicieron eco en su cabeza, no sabía donde pero las había escuchado en alguna parte. ¿Dónde?

  Poco a poco fue dejando caer sus pies descalzos por el borde de la cama u justo cuando sus puntillas tocaron la alfombra, pudo sentir como algo se aferraba a su tobillo derecho. Con un lento movimiento llevo el haz de la linterna hasta sus pies, solo para descubrir algo que la hizo gritar horrorizada. Una esquelética mano se ensortijaba alrededor de su frágil tobillo, apretando como queriendo romperlo. Gritó y pataleo hasta quedar libre y de un salto cayó en medio de la pieza, la penumbra se disipo como si hubiera sido herida por la luminosidad al encenderse la lamparilla de mesa como por arte de magia. Carolina corrió a encender la luz del cuarto. La lámpara parpadeo un poco antes de encender por completo, pudo jurar haber visto a alguien en la esquina observándola con un mueca macabra en el rostro en uno de esos parpadeos, pero al encender por completo ya no había nada.

  Su corazón latía a gran velocidad, como si quisiera partir su caja torácica, estaba aterrada, pero aún así debía mirar bajo la cama. Lentamente se acercó a gatas al colchón, tomo la punta del cobertor y trago es seco, no sabía que encentraría pero necesitaba estar segura de que todo era producto de su imaginación. Le levantó el edredón y enfocó la luz pero, no encontró más que polvo bajo la cama, no había nada asechando para tomar sus delicados pies. Respiró aliviada, como quien se quita un enorme peso de encima. Tranquila, se dijo, na hay nada ahí, fue solo tu estúpida imaginación. Como desmintiendo sus pensamientos la luminaria parpadeo nuevamente antes de dejarla envuelta en la fría opacidad de la noche. Y volvió a escucha, ahora más cerca, como si alguien le susurrara al oído.

Asabikeshiinh… Asabikeshiinh…

  Justo en ese momento comenzó a recordar, pero sus difusas ideas carecían de sentido en aquel momento de pánico y ansiedad. “Ve la telaraña, es un círculo perfecto, pero en el centro hay un agujero, usa la telaraña para ayudarte a ti mismo y a tu gente, para alcanzar tus metas y hacer buen uso de las ideas de la gente, sueños y visiones. Si tú crees en el gran espíritu, la telaraña atrapará tus buenas ideas y las malas se irán por el agujero”  La voz dentro de su cabeza se silenció cuando vio algo moverse sobre la cama, algo que le resultó en extremo familiar. La lobreguez ganaba su batalla con el albor y solo quedaba un moribundo ápice que languidecía en el suelo bajo el alféizar, el helado abrazo de la noche cubrió por completo a Carolina que se acercaba a hurtadillas al bulto que descansaba sobre su lecho. Las sabanas cubrían solo sus pies, sobre los hombros y la espalda descendía una abundante cabellera azabache, era una mujer. Puso la mano en uno de sus hombros desnudos para voltear aquello cuya respiración entrecortada escuchaba con el corazón en la garganta. ¡Dios mío! ¿Qué locura es esta? Con los ojos llenos de pavor, se descubrió a si misma sobre la cama.

  Sin darle tiempo a asimilar aquel sin sentido, su copia abrió los ojos donde solo se podían ver un par de vacías cuencas, la tomó de la muñeca, apretando con sobrehumana fuerza, Carolina pudo ver en su otra mano el resplandeciente filo de un cuchillo. El tajo silbó en el aire, por suerte Carolina pudo esquivar la acometida de su reproducción malvada y en el calor del momento logró soltarse. Corrió al sótano buscando un lugar para esconderse, pero cuando llegó a la escalera no pudo descender. Como intuyendo sus pensamientos, el ser del más allá se le había adelantado y comenzaba a subir las escaleras sobre sus cuatro extremidades, como un animal que corre detrás de su presa.

  Cambiando su estrategia, corrió entonces a la buhardilla. Abriendo la trampilla subió por la escalera, luego la recogió tras de sí, estaba segura de que allí no podría seguirla, pero una mano que se aferró desde atrás a su hombro, la hizo saber que escapar era algo imposible.

  A duras penas esquivo nuevamente la puñalada empujando a su agresora, ambas cayeron al suelo y Carolina se arrastró para tomar el arma, la alcanzó, pero su victimario ya estaba parado y tiró de sus cabellos hasta ponerla de pie. Dolida, Carolina hundió el cuchillo hasta la empuñadura en el vientre de su mitad oscura, pero esta ni siquiera emitió un gemido de dolor. Carolina sintió un agudo dolor en el pecho mientras el maligno duplicado le hundía con furia su mano en el pecho. Antes de que toso se volviera negro, Carolina contemplo como su corazón aún latía en la mano ensangrentada de la otra Carolina.

Asabikeshiinh… Asabikeshiinh… nunca lo quites de tu cabecera o los malos espíritus te encontraran.-escuchó la voz.

  Era un poco tarde para recordar, pero lo hizo, como una película en el cine se proyectó su vida ante sus ojos. Pero en especial el momento cuando su novio Scott, decidió colgar aquel artefacto tan extraño en el techo sobre la cama.

-Es un atrapasueños, un Asabikeshiinh, sirve para eliminar las pesadillas y atraer buenos sueños. Nunca lo quites de tu cabecera o los malos espíritus te encontrarán.

  A esto último ella no había hecho caso. Justo cuando Scott se fue, lo descolgó de donde estaba, pues le causaba mala vibra según ella. Ahora, al parecer, estaba pagando el precio.

  Lentamente fue perdiendo a poca conciencia que le quedaba, pero justo antes de que todo se tornara color muerte…

  Bip…bip…bip…bip…bip…, sonó la alarma de su reloj, despertándola.

  Movida por una energía más fuerte que ella Carolina corrió hasta el closet de dónde sacó una caja, dentro, con su aro representando la rueda de la vida, la red, los sueños que tejemos en el tiempo, en el alma y en las actividades cotidianas y en el centro de la red está el vació, el espíritu creador, el Gran Misterio, como le dijo una vez Scott, estaba el Asabikeshiinh, el atrapasueños.

Fin.